Cuando era niña, me dijeron que ser callada y tranquila era algo bueno. Era introvertida, reservada, y eso se celebraba.
Pero cuando me enojaba, cuando algo me molestaba y quería expresarlo, me decían que eso no estaba bien. “No hagas berrinche”, “no te pongas así”, “las niñas deben ser dulces”, “no seas problemática”. Aprendí, como muchas mujeres, que mi enojo no era bien recibido, que debía reprimirlo, tragarlo, ignorarlo.
¿El resultado? Crecí con episodios de ansiedad y depresión. Porque cuando no podemos expresar una emoción de forma sana, esta no desaparece, sino que se transforma en algo que nos hace daño por dentro.
«Vivimos en una sociedad que ha normalizado el enojo en los hombres, pero lo ha convertido en un defecto en las mujeres».
Si un hombre se enoja, es fuerte, tiene carácter, impone respeto. Pero si una mujer lo hace, es intensa, exagerada, conflictiva.
El enojo es una emoción humana. No es agresión, no es violencia. Es un mecanismo natural que nos alerta cuando algo no está bien. Es la señal que nos dice que un límite ha sido cruzado, que estamos siendo tratadas injustamente, que algo necesita cambiar.
Si nos enseñaran a escucharlo y a expresarlo de manera asertiva en lugar de reprimirlo, podríamos usarlo para crecer, para poner límites, para defendernos cuando es necesario.
El problema es que a muchas de nosotras nos enseñaron a tragarnos el enojo hasta que se convirtió en tristeza, culpa o ansiedad. Nos enseñaron a sonreír cuando queríamos gritar, a callar cuando queríamos decir “esto no me gusta”, a ser “fáciles de tratar” en lugar de ser auténticas. Pero ya es hora de desaprender eso.
«Aprender a reconocer el enojo y expresarlo con asertividad no te hace problemática, te hace libre».
Si sientes que te cuesta validar lo que sientes, que te han hecho creer que el enojo es algo que debes evitar a toda costa, descubramos juntas cómo liberarte de esas creencias limitantes.
Estoy aquí para acompañarte en este proceso.
Maryari Vera
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