¿Alguna vez te has sorprendido preguntándote más por lo que él siente que por lo que tú misma experimentas?
Desde pequeñas nos enseñaron a ser antenas sensibles captando cada mínimo movimiento emocional de los demás. Aprendimos a ser expertas descifradoras de silencios, interpretar miradas y convertir cada gesto ajeno en una posible señal de amor o desapego.
Nos convertimos en detective de sentimientos de otros, olvidando por completo nuestra propia brújula emocional.
Recuerdo tantas conversaciones con amigas donde el denominador común era ese permanente estado de zozobra: «¿Me extrañará?», «¿Pensará en mí?», «¿Le importaré tanto como él me importa a mí?».
Preguntas que nos dejan suspendidas en un limbo de incertidumbre, donde nuestra tranquilidad depende de una respuesta externa, como si nuestra paz fuera un territorio que debe ser conquistado o validado por otro.
Pero, ¿y si cambiáramos la pregunta? ¿Y si en lugar de preguntarnos constantemente qué siente él, nos preguntáramos qué sentimos nosotras?
Imagina por un momento voltear esa mirada hacia adentro. En lugar de estar esperando migajas de atención, conectar profundamente con tus propias emociones. ¿Realmente lo extrañas? ¿O extrañas la idea de no estar sola? ¿Lo amas genuinamente? ¿O simplemente le tienes miedo a la soledad?
Estas preguntas no buscan juzgarte, sino acompañarte en un viaje de autoconocimiento. Porque el verdadero amor no se mide por la angustia de «si me ama», sino por la claridad con la que te amas a ti misma.
Nuestra cultura nos ha enseñado que el amor es algo que sucede afuera, algo que nos ocurre. Pero lo revolucionario es comprender que el amor es una decisión que comienza contigo misma. Una decisión de cuidarte, respetarte, valorarte. Una decisión de no delegar tu felicidad, tu paz, tu plenitud a nadie más.
No se trata de volvernos egoístas o de dejar de amar. Se trata de aprender a amar desde la libertad, no desde la necesidad. De construir vínculos donde no tengas que perder tu esencia para ser amada, sino donde puedas ser absolutamente tú e igualmente ser profundamente amada por el otro.
«Cada vez que decidas preguntarte primero a ti misma, cada vez que valides tus emociones sin buscar permiso externo, estarás realizando un acto de revolución personal».
Estarás desafiando siglos de condicionamiento que nos enseñaron a ser receptoras pasivas de amor, en lugar de ser co-creadoras de conexiones auténticas.
Tu valor no reside en ser extrañada, sino en extrañarte a ti misma cuando no estás siendo fiel a tu esencia. Tu amor no depende de ser amada, sino de amarte con tal radicalidad que tu presencia se vuelva un regalo, no una súplica.
Recuerda: tú eres el centro de tu historia.
Tu corazón no es un territorio para ser conquistado, es un reino que tú administras, cuidas y honras.
Tu amiga,
Maryari Vera
@maryapsicoterapia
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